Llegó el momento de mi vida en que para solucionar mis problemas tendía que dividirlos en pequeños grupos. Empecé a reflexionar, uno de los frenos en mi vida había sido el amor. ¿Porque había impuesto ese muro en mi vida sentimental? Tendría de retroceder varios años para entenderlo.
Un día paseando, encontré una flor maravillosa que me hipnotizo nada mas verla, creí haberla conocido en sueños. Intente de la mejor de las maneras hacerle comprender que nadie como yo la iba a querer, pero ella no quería sentir mis palabras huecas.
Todos la pisoteaban mientras yo construía un refugio para que entre mis brazos se sintiera segura. Lo que nunca hubiese imaginado es que a aquella flor le gustaba ser pisoteada. No tenía la necesidad de sentir el verdadero amor, con el teatro se bastaba.
No lo podía comprender, y dediqué varios años en la reconquista de aquel sentimiento.
Cayeron aquellos pensamientos con la misma velocidad con que olvidaba mis sueños y el reloj se movió en contra de mis intenciones.
Seguí creyendo en la flor, pero necesitaba esconder aquella cara detrás de otros cuerpos. Así que decidí conocer a más gente.
En una de aquellas noches en que Fabián y yo nos transformábamos en animales buscadores de presas, cubata en mano y perspectivas laterales vimos a una mujer que bailaba en lo más alto de un podium. Prometí a Fabián con una valiente frase que poseería a aquella mujer.
En efecto, con un poco de aquello que olvide tuve a quien quería, su nombre Mónica, en el momento que quise, cuando más falta me hacia, de la peor manera que podía haber sido, como amiga. No me lo podía creer, aquello no acababa de ir como yo pensaba. Largas noches dieron su fruto presentándome a una amiga suya, Mar.
Después de la mala experiencia de dar amor y recibir amistad, decidí hacer las cosas de una manera diferente, sencillamente di amistad y quise recibir amor.
El resultado fue el de un triste títere para ella. Seguramente, lo mejor que aprendí fue que nunca mas debería de dar amistad, pues el resultado de ello era indiferencia.
Con los deberes hechos, me presente en la próxima prueba, ya que Mar tenía una amiga, Miriam. Ahora ya sabía que no hacer, ni amistad ni amor, estaba claro. Desde el primer momento busqué maneras diferentes de expresar indiferencia, sin crear algo reciproco.
¡Funcionaba!, era increíble, sorprendente. Aquel descubrimiento me estaba ilusionando de nuevo, estaba consiguiendo lo que quería, aunque, había llevado la táctica hasta un nivel en que ya no había marcha atrás. Y entonces ella voló como si de un pájaro con las alas rotas se tratase.
Mo, Mar y Miriam, la decepción de mi vida. La maldición de las EMES.
Durante largo tiempo seguí sin perder la conexión con ellas, aunque como alguien dijo, todo se acaba y el tiempo es el responsable.
Tuve que subir de nuevo mi imperio, y en cambio cree un muro prefabricado, con tochos de cartón y cemento del rápido.
Después todo fue mas de lo mismo, la búsqueda de algo que no existe, la táctica del cartucho de tinta agotado, el juego de ser invisible cuando realmente eres transparente.
Pasaron otras, pero ya no era lo mismo, estaba harto de buscar en mujeres sin nombre. Intente crear en mi imaginación a alguien que me diera el amor que necesitaba, la paz mental que tanto había soñado, aunque la realidad frustraba mi deseo. No podía hacer nada.
- Tienes que estar concentrado y no dejar pasar las oportunidades, no puedes dejar pasar el tren. – me aconsejaba mi amiga Priscila.
Ese tren era una mierda, siempre pasa cuando uno no tiene el billete, o tiene otras cosas que hacer. Ese tren era alguna invención de algún capullo que seguramente cobraba por esperar los trenes de los demás.
Ya estaba cansado, tenía la extraña sensación de que yo no valía nada, que ellas me podían brindar ocasiones que no se podían rechazar, que yo era quien subía a su tren, que solamente era un pasajero. Eso no podía ser así, si alguien te ama, no te obliga a decidir al momento.
Decidí dejarlas jugando con trenes, yo destruiría muros y comenzaría mi nueva etapa, una etapa sin EMES, ni flores, ni sueños, una etapa sin pasajeros que no van a ninguna parte.