Quisimos cambiar de aires, buscar retos nuevos, encontrar la gracia de la vida.
Por suerte, Tou había conocido a unas nuevas amigas, Ana y Cristina, y aquella noche se propuso quedar con ellas.
Fabián no quería salir, Priscila y su novio Garitano, habían montado una fiesta de lo más monotemática en el sofá de su casa, y Adrián había desaparecido unos días.
Visto el éxito entre mis más allegados, y que solo quedábamos Tou y yo, decidimos invitar a un viejo conocido apodado Brezler.
Empecemos nuestro futuro festival en el mismo garito de siempre, unos futbolines y dianas disfrazaban al aburrimiento. Alguien propuso desplazarnos hacia un lugar donde encontraríamos a las dos bellezas. Mientras íbamos, pregunte a Tou por ellas.
- ¿Cómo son?
- Ya veras, Cristina es bastante parecida a tu carácter, creo que haréis buenas migas. Ana, me gusta bastante, es muy guapa.
¿Tal vez encontraría por fin a alguien que concordara conmigo, alguien que me entendiera? No lo veía muy claro, pero decidí creerlo.
Cuando lleguemos al lugar donde quedemos con ellas, mi mente decidió jugar un rato conmigo, pues la acumulación de nervios y estrés decidieron unirse en ese preciso momento. No era algo nuevo para mí, estar rodeado de tanta gente extraña tendría que ser bueno, para alguien a quien le guste la gente. No quise darle a mi enfermedad la satisfacción de entristecerme, aquella noche mandaba yo.
Finalmente, mi amigo presento al destino de nuestra visita, y parecía tener razón, al menos en lo físico, estaban hechas unas princesas.
Eso era algo que no me convencía del todo, ¿y si fueran unas EMES? Preferí no pensar mal, que manera más tonta de buscar siempre lo malo, me dije a mí mismo.
Brezler, que hasta el momento había pasado un poco desapercibido, empezó a animarse por las copas y las mujeres. Todo parecida ir bien, nos fuimos a la discoteca y quedemos con ellas en el interior. Por el camino siguió mi conversación con Tou, que con aires optimistas me dijo:
- No vayamos a caer en lo de siempre, primero hablamos, conozcámoslas, que nos conozcan. Intenta hablar con Cristina.
- Muy bien, te aseguro que esta vez no dejare que las cosas vayan mal.
De golpe, Brezler interrumpió nuestra conversación
- Claro que si, yo pienso ayudarte en lo que pueda. Además, creo que vamos por muy buen camino, parecen unas tías geniales.
Perfecto, aquello iba de bien a mejor, teníamos ganas de salir, de disfrutar, de reír, de ligar, y además, ¡existían personas que ayudaban a otras personas! Aquello parecía nuevo para mí, acostumbrado al egoísmo, al arte del libelulismo, moscardoneo y pulpismo de los últimos años.
Lleguemos a la discoteca, las encontremos y estuvimos bailando. De sala en sala las risas eran algo habitual, nos lo estábamos pasando genial. Lo único que me empezaba a enrarecer la noche era aquella, casualidad, en la que cada vez que quería hablar con Cristina, Brezler llamaba la atención de todos y me frustraba el intento. No le di más importancia, no quería pensar mal, pero cada vez era más descarado, se estaba transformando en un moscardón emputecido.
Me dirigí a Tou.
- Oye, esto empieza a ser más que complicado, esto no va bien. Ella aun no me ha mirado a la cara y Brezler no para de hacer el idiota para que le miren.
- Ya veo, no sé que decirte.
Que bien, empezaban a haber bajas en mi particular ejército, ahora mis amigos padecían amnesia. Me giré para mirar a otro lugar y despedí la noche en aquel mismo momento.
Luego todo fue muy rápido, salimos de allí y nos fuimos a desayunar. El camino de vuelta fue algo diferente al de ida, ya que volví solo, mis hipotéticos amigos decidieron hacer acto de su caballerosidad y acompañaron a las princesas hacia el bar donde siempre acabábamos nuestras noches de lujuria. Allí, dos mundos, cuatro personas en una mesa y a cientos de kilómetros yo.
Finalmente se fueron a la playa, yo ya no quería molestar más.
Ni Cristina era como yo quería, ni mis acompañantes eran amigos, ni se había acabado el egoísmo entre las personas.
Me pregunte, quien tenia la culpa de aquel nuevo fracaso. ¿Brezler? No, el solo hacía lo que cualquier persona hace cuando ve una ocasión, el respeto entre los amigos era solamente una frase que muchos conocen pero ninguno aplica.
¿Tou? Tampoco, él quiso ayudarme, aunque intento hacerlo de una manera pasiva. Si con el agua que me sobra tú puedes beber, pues hazlo, pero si tienes mas sed… búscate la vida.
¿Cristina? Seguramente la que menos, simplemente era otra mujer que pensaba como las que últimamente había conocido, no podía pedirle a ninguna persona que fuese como a mí me gustaría.
Acabé pensando que toda la culpa era mía. Pensé en cuando juegas a la lotería, te pasas toda la vida y nunca te toca, pero aun así sigues jugando. La única diferencia era que normalmente les tocaba el premio gordo a la gente que me rodeaba, y empezaba a estar harto de gastar tiempo y ilusiones tontamente.
No quería seguir así. Una gran tristeza me había aplastado contra la realidad.
Ya tenia claro que no podía contar con nadie para sacarme de aquel pozo, tenia que ser yo mismo, así que me tome un tiempo para empezar nuevamente de cero.
Aquella noche, mientras pensaba en todo lo ocurrido, vi una estrella fugaz. Mi mente fue más rápida que ella, pedí un deseo aun sabiendo que seria imposible.