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Adiós


2006
06.12

Que más da, si no hay nada que perder.

 

No hacía más que repetirme aquella frase. Mi hermana me llamó y me invitó a pasar un par de semanas en su casa de Ámsterdam. Yo que buscaba vuelo para escapar a cualquier lugar, la idea de pasar unas mini vacaciones gratuitas en el país de la legalización y las libertades iba a ser lo más acertado.

 

Bel se marcho a trabajar a Ámsterdam porque quiso, acabó los estudios universitarios y encontró una profesión que no le impedía la posibilidad de trabajar desde casa, así que decidió marchar a un país diferente y experimentar nuevas sensaciones. Yo, por el contrario, me quede en mi pueblo, con un trabajo basura, pero ya todo había acabado.

 

Le dije a don Martín que no estaba de acuerdo con mis condiciones laborales, que necesitaba hacer algo que me beneficiase más, que no podía seguir trabajando allí. Él, molesto, intentó una mejora de sueldo, pero ya era demasiado tarde, le di quince días y cumplí con lo prometido.

 

Cuando llegó el día de partir hacía mi nuevo destino, toco despedirse de Fabián, el Garitano, Priscila y Tou. Unas cervezas ayudaron a digerir el adiós.

 

- ¿Volverás pronto? – Preguntó Priscila

- No lo se, depende del tiempo que tarde en encontrar lo que busco.

 

Nadie sabía concretamente que era aquello que tanto necesitaba, pero tampoco se molestaban en preguntar. Yo, ni aclaraba ni quería explicar que era aquello tan importante que incluso me obligaba a dejar mi casa para embarcarme en una nueva aventura. Llegó la hora de despedirse, me dirigí a todos.

 

- Espero volver y ver que aquí todo ha cambiado a mejor. Intenta perder esos temores Fabián, Tou aprovecha tus oportunidades y Priscila y Garitano no discutan tanto. Por mi no os preocupéis, seguiré con mis manías y mis defectos, mis odios, seguramente encontraré algunos Dioses Caracoles, de esos hay en todo el mundo ¿no?

 

Todos rieron.

Solamente faltaba informar a dos personas de mi viaje, Mar y Luna.

 

Llame a Mar, y sorprendida me dijo que antes quería hablar conmigo.

¿Ahora? – Me pregunté. No se que quería decirme, pero la verdad, mi único interés era olvidarla. Le dije que antes de irme pasaría por tu casa.

 

Luego fue el turno de Luna, que también pidió una despedida en directo, un último adiós de carne y hueso.

 

Surgió el problema, solamente tenía tiempo para quedar con una, Mar, mi amor frustrado, o Luna, mi eterno enigma.

 

No sabía por quien decidirme, mientras mi corazón se decantaba hacia una, mi cabeza lo hacía por la otra, y mis neuronas, lloraban desconsoladas porque ya se habían hecho a la idea de que no hacia falta pensar más en la habitual rutina amorosa.
Decidí tomar la decisión de camino.

 

 

 

 

En la puerta del aeropuerto, la miré. Me dirigí hacia ella.

 

-Nunca te dije toda la verdad, y ten claro que nunca te la diré. Me voy a buscar lo que tú nunca me diste, creo que dedicaste demasiado tiempo, aunque fuese sin saberlo, a crear en mí un doloroso sentimiento. Nada más que tú eras lo que más necesitaba.

 

Le acaricié la cara, seguí.

- ¿Para que ha servido tanto tiempo? Para que tenga que decirte adiós sin haber terminado lo que un día empecé. Seguramente nadie te comprenda como yo, seguramente nadie te quiera como yo. Algún día te darás cuenta.

 

No di tiempo a una respuesta, me fui. Su cara ya no era la de siempre, le había cambiado completamente. Una lágrima expresaba la desesperación del que quiere y no puede.

 

Ya era una realidad, me iba, dejaba todo lo pasado para empezar desde cero. No sabía si mejoraría mi vida, o me embarcaba hacia otro lugar donde habría más de lo mismo, pero una predicción de grandes cambios se reflejaba en mi destino.

 

Adiós al pasado, bienvenido al futuro.