Un jet privado nos llevó hacia aquel lugar, el avión se dividía en cuatro cubículos.
Las primeras apropiaciones fueron las de Kim y Lain, que se habían sentado en los primeros asientos del cubículo de la izquierda, a la derecha Paola y Jen, y en los dos siguientes estaban separadas Carla y Yeruska. Así pues, entre la división decidí optar por Paola, ya que era la persona que mas conocía.
Mi amiga solamente tenia ojos para Jen, y Jen para el mismo y sus fanfarronerías.
- Estoy harto de estos aviones privados, son súper incómodos. – Rebuznaba Jen.
- Pues a mi me gustan mucho, nunca había viajado de esta manera. – Le respondía Paola con ternura.
Idiota y prepotente, estúpido y mentecato, cada vez que habría la boca el bobo de Jen me daban ganas de vomitar en sus relucientes zapatos. Paola en cambio parecía feliz con su actitud, le restaba importancia a sus derroches de superioridad e incluso los encontraba graciosos.
El principito no tenia personalidad, era tosco, antipático y repelente, pero podía reconocer que el dinero y sus trabajados músculos eran un punto a favor para ganarse a cualquier meretriz, razón de mas para no creer que Paola podía enamorarse de el.
Lo tenia decidido, me iba a otro de los aposentos, alejarme de aquel lugar era la mejor idea, allí por razones inexplicables la sangre no circulaba por la cabeza.
Mire a mi izquierda, Kim hablaba con Lain sobre la teoría de la comunicación, emisor, receptor, canal, código y mensaje, profundizaban sobre la estrecha relación que existía entre esta y otras ciencias.
Lain era una mujer alta, delgada, 38 años de edad. Su pelo castaño y extremadamente rizado hacía que su delgada cara se perfilase más todavía. Transmitía cultura y madurez por todos los costados, no daba a entender que fuese alguien fácil de tratar, no demostraba simpatía pero tampoco desconfianza. Sus gafas se deslizaban por su puntiaguda nariz y sus ojos miraban a Kim mientras se frotaba las manos.
- La comunicación no verbal es algo muy interesante para estos casos. – Dijo Lain respondiendo a una pregunta que Kim le había formulado.
Kim parecía sentirse feliz al formar parte de aquel proyecto, el orgullo de compartir asiento con Lain daba a entender el gran respeto que este sentía por ella.
No quise molestar y estropear con mis particulares teorías aquel momento, así que solamente me quedaban dos lugares, Carla o Yeruska.
Yeruska, sentada en el cubículo superior derecho del avión, ojeaba una revista, probablemente de moda, y donde seguramente saldría ella.
Era una mujer realmente bella. Su preciosa cara y su increíble cuerpo me hacían revivir el miedo de la maldición de las EMES. Aun no la conocía lo suficiente y no quería estropear la posible relación con aquella increíble mujer, la ultima vez, con Paola, ya arruiné mi presentación, esta vez no iba a suceder eso.
Me fui con Carla, que en un rincón escribía sin cesar en su bloc de notas.
- Perdona, ¿puedo? - le pregunté.
- Claro. – Me respondió con gran timidez.
Carla era morena, pelo liso y altura media. Una mujer normal, talvez demasiado tímida o quizás extremadamente reservada. Quise provocar una conversación.
- ¿Estas nerviosa por el viaje? - Le pregunte en voz baja para que no se sintiera presionada.
- Un poco, no estoy acostumbrada a viajar. - Respondió en el mismo tono.
Tenía una voz dulce, parecía sincera y amable.
Sin mediar palabra Yeruska de un bote se sentó a mi lado.
- Estoy muy aburrida allí, ¿puedo quedarme aquí con vosotros?
Carla y yo respondimos afirmativamente. Estaba claro que Yeruska era la cara opuesta a Carla, no se cortaba ni un pelo, empezó a hablar nada mas sentarse.
- Y vosotros, ¿a que os dedicáis?
Carla levanto la cabeza, se la miro de arriba a abajo y contesto.
- Soy periodista de Society.
- A mi normalmente me hacen entrevistas. - Replicó la modelo.
- No se, imagino que no deben ser de Society.
- Claro que no… – reía Yeruska - ¡es para revistas de moda!