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La vida de Kinema III


2007
02.26

Joseph Locke era un hombre dedicado a la política. A mediados de los años ochenta, y a pesar del notable ascenso en su partido, Joseph desapareció del mapa dejando atrás una más que predecible gran vida en su país.

 

Después de unos años desaparecido, se conoció su paradero en un lugar alejado de la masa civil, en un poblado desamparado de la sociedad intelectual y escondido de la vida actual. Su nuevo nombre era Kinema.

 

Después de leer el informe que nos había entregado Kim decidí dormir algunas horas, pues el cansancio se hacia ver en mi presencia, ya no podía aguantar mis ojos abiertos. Al despertar, el avión había aterrizado.

 

- ¡Despierta marmota! – me decía Yeruska.

 

Que buen despertar, creí estar en el cielo, un ángel me despertaba de mi largo sueño, y ahora tocaba disfrutar de lo lindo.

 

- ¡Voy!

 

Al final de las escaleras del avión un hombre de unos setenta años nos esperaba, Kim fue directo a abrazar al anciano. A su lado, un chaval de veinte años aguantaba un bastón.

 

- ¡Chicos! Os presento a Kinema.

 

¡No hubiese pensado nunca que era tan grande! Su rostro desvelaba felicidad, y sus arrugas sabiduría.

Paola, rápidamente, se acerco a él.

 

- Señor Joseph Locke, estoy encantada de conocerle, es usted una persona increíblemente famosa. Yo estudié la teoría de las actitudes que usted desarrolló.

 

Paola tenia una sonrisa parecida a las que regalaba a Jen cuando este hacía sus siempre odiosas tonterías.

 

- Le presento a Jen. Su empresa financia nuestra expedición.

- Ohh! Jen Barek, encantado de conocerlo, agradezca a su padre de mi parte las ayudas que nos envía para nuestro poblado. - dijo Kinema.

- ¡Se lo diré! - respondió Jen.

(Tu siempre tan humilde grandísimo pedante)

 

Acto seguido, Kim presento a Lain, Carla y Yeruska. Finalmente me tocó a mí.
Kinema me miró, se quedo pensativo.

 

- Me suena tu cara - me dijo.

- Imposible, yo es la primera vez que siento hablar de usted, y le aseguro que nunca le había visto. – le respondí.

 

El anciano sonrió, asintió con la cabeza y señalo unos jeeps aparcados unos metros más allá de nosotros.

 

- Vamonos, nos queda un largo camino por recorrer antes de llegar a vuestra nueva casa.

 

Todos nos fuimos a los jeeps. Nos dividimos en tres grupos.

 

Kim, Lain y Carla en el primero, Yeruska, Jen y Paola en el segundo, y Kinema, su acompañante y yo en el último.

 

- ¿Conduzco? - Le pregunté a Kinema.

- No, que lo haga Yaha, le encanta conducir cuando tiene la oportunidad.

 

¿Yaha? Empezamos bien, con esos nombres no me iba a recordar de nadie. Empecé a pensar, el chico era muy moreno, después de ver la flora que nos rodeaba estaba casi seguro de estar en la selva. Le voy a llamar Tarzán.

 

Ocupé el asiento de atrás, para estar mas cómodo, Kinema mientras, dio ordenes a Tarzán de empezar la marcha. No tardó mucho en empezar la conversación.

 

- ¿Como esta la política en el otro mundo? - preguntó el anciano muy interesado.

- Fatal - le dije - Ahora algunos políticos roban, algunos ladrones matan, y quienes ordenan matar a un mayor numero de personas son los mas poderosos políticos.

- Pues si que esta mal, aunque no ha cambiado tanto.

 

Después de una pequeña pausa volvió a preguntar.

 

- Creo que podríamos aprovechar este viaje en coche para conocernos mejor. ¿Sabes porque eres miembro de este equipo?

- La verdad es que no, sinceramente, necesitaba dinero y Paola me ofreció la posibilidad de ganarlo. Supongo que mi perfil debe tener algo interesante para Kim, sino no llego a entender mi presencia aquí. – respondí.

- Ahá, pues claro, algo debes tener, parece ser que no tienes muy claras tus aptitudes.
- La verdad es que no, talvez no tenga la autoestima tan alta como desearía.

 

Miré hacia el suelo, me pregunté durante un instante porque le había comentado eso a Kinema. Él no dio tiempo a que rectificase.

 

- Eso es algo difícil, me refiero a la autoestima, muchos de nosotros necesitamos tener experiencias donde alguien nos haga sentir especiales, donde nos creamos la importancia que tenemos en otras vidas ajenas.

- Ya, es algo que yo no puedo decir.

 

Kinema giró su cuerpo totalmente, me miró directamente a los ojos.

 

- ¿Estas seguro de eso hijo? Recuerda la ultima vez que alguien te dijo que eras importante.

 

Pensé durante unos segundos.


- Sí, ahora recuerdo, fue en un anuncio de televisión. Tus impuestos son los de todos, tú eres importante…

 

Kinema empezó a reír.


- Veo que no es tan fácil hablar contigo. Podríamos hacer una cosa, pregúntame algo sobre mi, cualquier curiosidad.

Volví a bajar la mirada, eso me ayudaba a pensar.


- Ok, me resulta intrigante saber porque se refugió aquí. Y de paso, porque se hizo cambiar el nombre.

 

Kinema cerró los ojos, la sensación de que el anciano volvía unos años atrás en el tiempo se hizo latente en ese instante.

 

- Muy bien, me parece razonable tu pregunta.

Durante muchos años, la vida en mi país había sido ideal, mi situación laboral era perfecta, estaba enamorado de mi esposa, y ella de mí, mi espíritu y mis ganas de vivir se multiplicaban. Todo era un sueño, hasta que el sueño se transformo en pesadilla. Mi mujer tuvo un grabe accidente, todo se derrumbo a mis pies. Al faltar ella mi vida ya no tenia ningún sentido allí, todo lo que me rodeaba me recordaba momentos pasados en los que fui muy feliz, pero aquella felicidad se había agotado, era imposible. Mi empleo empezó a perder cualquier tipo de interés, pase a ser un triste mortal vagando por un lugar que no le correspondía.

Cuando peor estaba, cuando ya nada tenia sentido, una persona se cruzó en mi camino, ella me trajo hasta aquí, y sin querer, esta vida me cautivo de tal forma, que no quise regresar a mi país.

 

- ¿Y esa no es una manera cobarde de escapar de los problemas? - le pregunté.

- No lo se, de la misma forma también podríamos pensar que es de valientes comenzar una nueva vida lejos de tu casa ¿no?

- Sí. - Le respondí – ¿Pero no piensa volver?

- No lo creo, aquí estoy bien, no me hace falta volver.

 

Pensé durante un momento en las palabras de mi nuevo compañero, realmente su vida había sido difícil. Quise darle un nuevo rumbo a la conversación.

 

- ¿Porque el nombre Kinema?

- ¡Pregúntale a Yaha! - Kinema reía sin cesar. - En el poblado donde viviremos tienen la costumbre de cambiar los nombres. Kinema, en su lengua, es ciego. Yo no discuto mi nuevo nombre, incluso me gusta, me he acostumbrado a el.

 

Aquello me sorprendió. Así que aquella gente tenia la costumbre de modificar los nombres según sus creencias. Me dirigí a Kinema.

- ¡Me encanta! ¿Y yo podría hacer lo mismo con Yaha?

 

Nuestro particular chofer se dio por aludido. Preguntó a su copiloto y después de la respuesta asintió.

 

- Él esta de acuerdo, con la única condición de que pueda hacer lo mismo contigo.

 

Acepté. Era justo.

 

- Y entonces, ¿cual es el nombre que quieres dar a Yaha?

- Tarzán.

 

Kinema comenzó a reír a carcajadas.

 

- ¿Pero como le puedes llamar Tarzán?

- ¿No puede ser? – pregunté.

- Un momento.

 

Empezaron los dos a hablar en esa lengua tan extraña. Parecía contento con su nuevo nombre.

 

- Le parece bien. A partir de ahora, y solo para nosotros tres Yaha es Tarzán. Hemos creado un vínculo muy importante.

 

Daba la sensación de que aquello le había gustado mucho a Kinema.
Volvió a hablar con Tarzán. Después de un largo rato de charla, se dirigió hacia mí.

 

- Ya sabes que ahora le toca a él escoger un nombre para ti.

- Sí, era lo acordado. ¿Cual es?

 

Tarzán redujo la velocidad, miró fijamente mis ojos por el retrovisor, sonrió.

 

- Gnoki.