Archive for the ‘CAP_19 Bagab’ Category

Bagab


2007
05.22

- ¿Hechas de menos a tus amigos?

 

Mientras caminábamos Carla y yo hablábamos para que el camino resultase menos largo.

 

- Un poco. Llevo demasiado tiempo lejos de mi casa y hay caras que apenas recuerdo.

¿Y tu Carla?

- Yo a puras penas tenia amigos en mi ciudad. Pero hay personas que si que encuentro a faltar. Tú, al menos viniste aquí conociendo a Paola, eso ya es algo.

- Bueno, no se si te has fijado, pero cada día hablamos menos.

- Sí, es verdad, ¿os pasa algo?

- No aguanto al estúpido de su novio.

- Pero eso es algo que no debe influir en vuestra amistad.

- ¿Amistad? Yo no tengo amigas. – le dije rotundamente

 

Yo la amistad me la pasaba por el forro de mis venerables bajos, menuda fantasía de las relaciones interpersonales. Sí, no voy a negar que todo eso de la amistad sea muy bonito, pero yo hacia tiempo que había dejado de ver películas de Walt Disney y empezaba a ver las cosas de una manera más realista.


Definiría amiga como una mujer, chica o niña dependiendo de la madurez emocional, con o sin novio, con la que a salvo de catástrofe mundial nunca acabaras compartiendo la cama por dos razones, o no te interesa, o no le interesa a ella, siendo esta ultima el 99 % de las ocasiones. El tiempo razonable que puede durarte una “amiga” se calcula con una simple ecuación matemática que solamente los mas idiotas no podrían resolver. Duración de una amiga es igual a deseo sexual más confianza dividido por el tiempo de convivencia.


Por eso, y para que mi mente comprendiese los conceptos aprendidos, me inculque la negación a la palabra “amiga” nombrándola “conocida” en los factores en que la ecuación resultaba menor de 10 y “compañera” en los que la superaba.

 

Carla me miró.


- Alguna tendrás. – me dijo, como si me recriminase la falta de corazón.

- Lo dudo.

- Pues nada, ya veo que aun eres menos sociable que yo. Pero te voy a decir que a mi Jen tampoco me cae nada bien. Es una persona muy extraña, esconde algo.

- ¿Porque lo dices?

- Me he estado fijando, desaparece y no vuelve hasta el día siguiente. Un día, por curiosidad le seguí. Solo pude ver que cogió un jeep y se fue por donde vinimos. Aquella noche no durmió en el poblado.

- Que raro, ¿y Paola no sabe nada?

- Si, yo le pregunté. Me dijo que había momentos en los que Jen se obsesionaba con la multitud, necesitaba desahogarse en algún lugar y tener un momento de soledad.

Pero eso es algo que no se debe creer ni ella.

 

Yo pensaba igual que Carla, algo raro pasaba allí. Coger un jeep y abandonar el poblado era algo que no tenía que ver con cualquier fobia. En el pueblo éramos poco mas de cuatrocientas personas, ¿multitud?

 

- ¿Sabes que te digo? Que no me gusta nada que Jen haya sido emparejado con Yeruska. – le dije a Carla.

- ¿Tú también viste su sonrisa de prepotencia?

 

Ella también se había fijado en el gesto que hizo Jen, por lo visto no era el único que pensaba que aquel tío llevaba segundas intenciones.

 

- No te preocupes, Yeruska sabrá protegerse sola. – Dijo Carla – Jen no tiene nada que hacer con ella. ¿Te puedo hacer una pregunta personal?

- Claro, no tengo por donde escapar.

- Durante estos meses, hemos hablado de muchas cosas, pero siempre que he querido saber de tu pasado, me has contestado de una manera irónica, como molesto, como enfadado con algo que te pasó. Creo que es un buen momento para que te sinceres conmigo, ¿Qué te pasa?

- No me pasa nada – le conteste – son cosas que ya deje atrás.

- Sí, pero noto odio cuando hablas, no están tan atrás como crees.

- Te aseguro que no es odio, es decepción o aburrimiento. Hay cosas que no me han ido bien, o que no han acabado como me hubiera gustado.

 

Carla paró de caminar, se sentó en una piedra que sobresalía en medio del camino.


- ¿Podemos parar para descansar?

- Claro.

 

Haciendo cálculos, nos quedaba menos de una hora para llegar al planeta Jamón, el tiempo justo para buscar un refugio para dormir y prender fuego para no congelarnos.


Diez minutos mas tarde volvimos a retomar el camino. Durante esa hora hablemos de mi vida y de la suya, conociéndonos un poco mas. Por mi parte, le explique mis aventuras con Fabián, mi historia con Mar, la maldición de las Emes y mi extraña amistad con Luna. Ella me hablo de lo mucho que le costo llegar a trabajar para Society, sus problemas en la universidad y el tremendo dolor que sintió cuando su antiguo novio la dejo por una rubia llamada Lina, a la cual acabemos llamando Plastilina por sus inmensas tetas de plástico.

 

Una vez lleguemos a nuestro destino encontremos una cueva abandonada en la cual pudimos hacer una buena fogata que pronto dio a aquel triste lugar un color mucho mas acogedor. Ya era de noche y Carla saco de su mochila algo de comer.

 

Poco a poco, me sentía más a gusto con ella. Nuestras conversaciones comenzaban a ser profundas y sinceras, algo que hacia tiempo que no podía tener. Como decían en nuestro nuevo idioma Bagab, o sea, me sentía bien.

 

- Y entonces, no me quedó clara una cosa. – me dijo.

- ¿Que?

- Tú te habías enamorado de Mar, pero con el tiempo te diste cuenta del tipo de persona que era. En cambio, con Luna, aun siendo alguien muy especial para ti, nunca habíais llegado a tener nada.

- Más o menos.

- Y esa es una de las razones por las que te fuiste a Ámsterdam. ¿verdad?

- Sí, una de los motivos fue ese.

- ¿Les dijiste que te ibas del pueblo?

- Sí, las llamé el mismo día. En principio pensé que apenas le darían importancia, pero me sorprendieron. ¡Las dos quisieron quedar conmigo en el último momento!
- ¿Ah si? – Carla se rió – eso si que es irónico, en el ultimo momento. Pues con las dos no pudiste quedar ¿no?


- No. Era físicamente imposible, las dos me querían acompañar al aeropuerto, así que tuve que decidir.

- ¿Que hiciste?

- Bueno, pensé en todo lo que me había pasado durante tantos años. En primer lugar entendía que Luna era alguien que me había escuchado, y me había dado mucho apoyo en momentos difíciles, pero Mar, a pesar de su comportamiento… a ella la había querido.

- Fuiste a buscar a Mar.

- Si. Habíamos quedado en el bar de la esquina de su casa, pero ella no estaba. La llamé al móvil pero no lo cogía. Decidí hacer el último esfuerzo y comerme todo mi orgullo, fui a su casa.

- ¿Estaba allí? – el interés de Carla iba creciendo.

- No, no estaba.

- ¿Y entonces?

- Llame a Luna, le dije que si quería verme pasaría a buscarla para despedirme de ella. Me dijo que me esperaría en el aeropuerto.

- ¡Aha! ¡Pues te despediste de Luna! Si es que la amistad es más importante que nada en este mundo.

- Bueno, no te embales. Fui al aeropuerto, facturé maletas y esperé a Luna donde habíamos quedado.

El tiempo iba pasando pero Luna no llegaba. Sonó el móvil, era ella. No podía venir, hacía dos semanas había empezado a salir con un tío, diez minutos después de quedar conmigo la había ido a buscar para ir al cine.

- No me lo puedo creer – dijo Carla con cara de sorpresa. – ¿no se despide de ti por ir al cine con un tío que conoce hace menos de un mes?

- Ya te dije que no tengo amigas, tantos años de amistad, y la única disculpa que tuve de ella fue “cuando vuelvas llámame”.

 

Carla agacho la mirada, pareció dolerle aquella situación.

Yo aun recordaba aquel día en el aeropuerto. Cuando colgué a Luna, empecé a pensar en todo. La mujer que más había querido no había tenido la decencia de presentarse para despedirse de mí, y la que mas me había comprendido, me había dejado tirado por un rollete de dos semanas, era realmente patético. Alcé la mirada, delante de mi un vidrio y mi reflejo. Era aquello que nunca quise ser, sentía pena de mi mismo. Abrí mi cartera y vi entre todas aquellas fotos la imagen de mi primer amor, aquella flor que todos pisaron, aquella a quien nunca le dije cuanto la quise. Sin pensar, empecé a hablar, salió todo aquello que me hubiera gustado decirle. Volví a levantar la vista, otra vez mi reflejo en aquel espejo, esta vez una lágrima se deslizaba por mi mejilla, la lágrima del impotente, el que no puede cambiar su destino porque sencillamente no hay solución. No di tiempo a que aquella imagen me dijera nada, aquel no podía ser yo, me fui.

 

Carla me miraba fijamente, no decía nada, yo tampoco. Pensé que talvez a ella también le había pasado algo parecido.

 

- No te preocupes, para mi todo eso ya forma parte del pasado.

Ella no respondía, me seguía mirando.

Suspiré, le cogí de la mano, quise darle un beso en la mejilla.

Mientras me acercaba, lentamente Carla giró su cara, mis labios rozaron los suyos, me quede inmóvil. Carla volvió a besarme.


Aquella noche volví a sentir lo que durante tanto tiempo había dado por perdido.