Pasaron aquellos días de vacaciones en el planeta Jamón como si fuera aquella película de amor donde el bueno acaba con la guapa, sin malo a la vista y con beso final incluido.
Lleguemos los últimos, tuvimos que hacer alguna parada especial, estaban todos en el poblado, y por las caras, algo había pasado.
- Os tengo que explicar algo… – dijo Yeruska, con un extraño guiño dirigido a Carla.
- ¿Que ha pasado? – pregunté.
- ¡Jen! – Respondió – Te lo dije Carla, no te lo creías y pasó, pero esta vez no se saldrá con la suya.
- ¿Qué te dijo? ¿Que ha pasado? – Le pregunté a Carla.
- Yeruska me comentó hace tiempo que Jen se le estaba insinuando, incluso últimamente de una manera desmesurada. No te quise decir nada porque al saber de tu odio hacia él no quise provocar ningún altercado.
- Intentó liarse conmigo ayer noche – dijo Yeruska – Se acerco mientras dormía, y por suerte me desperté a tiempo para pararle los pies, ¡ya tenia sus manos encima mío!
-¡Hijo de…! ¡Lo sabia! – dijo Carla
Yo, mientras hablaban Yeruska y Carla, pensaba en Paola. La miré. Sus ojos dibujaban el cielo, a escasos metros de mi veía como su mundo se caía a trocitos, su querido Jen no era mas que otro idiota que había pasado por su vida y la había decepcionado, igual que las EMES a mi.
Mientras, Jen, parecía darle explicaciones.
Kim, Lain, Jen y Paola se acercaron a nosotros.
- Quiero que todo esto se solucione – dijo Kim dirigiéndose a Jen – Lo que Yeruska me ha explicado es una falta grave en el grupo, no puede seguir así. Necesito que todo se aclare.
-Todo lo que dice es mentira – alzo la voz Jen. – Se lo ha inventado, talvez ella tenga algún tipo de obsesión por mí, y no sepa reconocer que yo no quiero nada. – De golpe, se giró y miró a Paola – Tu no te la puedes creer, debes confiar en mi.
-No se que hacer – respondió Paola – yo solo quiero saber la verdad.
- ¡A mi no me hace falta inventarme nada! – Gritó Yeruska – Se muy bien lo que pasó. ¡Me desperté con tus asquerosas manos en mi cuerpo! Pero eso no fue todo – se dirigió a Paola – me dijo que podíamos estar tranquilos, que nadie se enteraría… grandísimo mentiroso… él es lo peor que he visto.
Paola se miraba a Jen, con la cara desencajada. Parecía buscar otra explicación a lo sucedido, pero el silencio de su novio no le acompañaba ninguna excusa para desmentir lo que Yeruska explicaba.
Decidí dar unos pasos atrás, aquello me estaba haciendo daño a mí. No lo entendía, yo odiaba a la gente como Jen, aquello era bueno, por fin un caracol estaba siendo derrotado, pero Paola… no podía verla así.
Kinema se acerco a mí.
-¿Ves? – me dijo en voz baja – por esta razón, me fui de vuestra sociedad, me refugié en algún lugar lejano. Creo que vuestra expedición ha llegado a su fin, habéis finalizado vuestra búsqueda. Míralos, como discuten, y mientras, mira a la gente del poblado. ¿Qué cultura es mejor?
Era increíble, en plena crisis, los cerdos negros chillándose entre ellos y mientras, los aldeanos se los miraban con cara de no creerse lo que estaba pasando.
-¡Ya esta! No se hable más. – Alzo la voz Kim – Pasado mañana volvemos a Ámsterdam. La experiencia ya ha finalizado.
- Mejor, estoy cansado de este lugar de mierda – dijo Jen – Si paso un día más con esta gente soy capaz de cualquier cosa. Entre las furcias, idiotas y traidoras… Yo os he dado la oportunidad de salir de vuestras tristes casas, mi dinero ha pagado el avión que os ha traído, la que os llevará a casa. Me da igual vuestras gilipolleces, cuando volvamos a la vida real, pienso decirle a mi padre que retire todo el dinero para este asqueroso pueblo y que retire la sociedad que tiene con la empresa Krusse.
Nadie le hizo caso, nadie excepto Paola, quien se fue con visibles lágrimas en sus ojos.
Poco a poco todos fueron desapareciendo y me quede a solas con Carla.
- Increíble, diría que todo ha salido perfecto – le dije.
- Bastante – asintió – Gnoki, tengo que decirte algo, pero no creo que sea el mejor momento.
- Tranquila, dime.
- No te dije toda la verdad. Me siento mal, porque no me he portado bien contigo, no he sido del todo sincera.
- No creo que sea tan grave como dices… – deje escapar alguna carcajada.
Carla refugió su mirada.
-¿Recuerdas a aquel exnovio que te comenté? El que me dejo por “plastilina”, la chica de pechos grandes…
- Sí
- Te mentí. Antes de irme volví a hablar con el, me dijo que cambiaria, que ya había dejado a Lina, que me esperaría.
- ¿Y tu que quieres hacer?
- Yo le quiero…
Carla, sonrojada, tenía claro que lo que estaba saliendo de su boca no eran más que burradas. Algo que yo nunca había entendido era porque la humanidad tenía la extraña costumbre de hacer lo que siempre negaba.
Ella me había explicado más de mil veces lo mal que se había comportado él, el daño que le había hecho, y en cambio, en ese momento me estaba dejando claro que prefería dejar lo nuestro de lado para irse con esa persona.
Esa extraña filosofía de hacer lo que no predicas, esa extraña pateticosofia.
Durante mucho tiempo había conocido a personas que pregonaban sus pensamientos como normas o mandamientos. “Yo haré” y “nunca haría” son sus mejores palabras, pero luego son modificadas por el “yo pienso” o “yo creo”, siempre que no puedas añadir a ellas el “yo lo o la haré cambiar”.
Mentiras, fruto de la patética cultura que durante años se ha ido conservando. Esa cultura de auténticos mártires que nunca llegan a ningún lugar. La pateticosofia.
- Y entonces, si quieres esperarle yo no voy a insistirte más. – le dije.
- Me da la sensación que algo esperabas – me respondió aun sonrojada.
- Bueno, no se que esperaba, pero no quise hacerme ninguna ilusión con lo que ha pasado los últimos días. Lo hablemos, lo dejemos claro, lo que paso aquella noche fue especial, algo especial para dos personalidades diferentes a las del resto. Es más, realmente, creo tener claro que tu no eres lo que yo busco.
- ¿Y que es lo que buscas?
- Te lo diré cuando lo encuentre.
Quería irme de allí lo antes posible, no quería pasar más tiempo con Carla, pero ella me cogió del brazo y freno mi huida.
- ¿Puedes esperar un momento más? Me gustaría decirte algo.
- Claro, dime.
- No quiero perder tu amistad.
- Tranquila, tú no eres como aquellas EMES.
- También me gustaría sincerarme contigo sobre otras cuestiones que son ajenas a lo nuestro.
- Pues…
- Esta expedición, o como dice Kim, experiencia, no es tal y como siempre ha dicho.
Uno de los verdaderos intereses de la empresa era recuperar a Kinema. Devolverlo a Inglaterra.
- ¿Cómo? No lo entiendo, ¿eso es verdad?, estoy alucinando… ¿y entonces? Para ello hay que contratar a una modelo, una traductora…
-Sí, evidentemente, todo era una falsa muy bien montada, todo el mundo viene engañado. El hecho de traer una modelo y una traductora conocida ayudaba a no crear dudas sobre la mentira. Sobre ningún concepto Kinema podía saber cuales eran las intenciones de Kim.
-¿Y cual es el beneficio de llevar a Kinema a Inglaterra?
-Esta muy claro, la publicidad. ¿Tú sabes la repercusión que puede tener en todo el mundo el hecho de haber devuelto a Joseph Locke a su país? Su paradero sigue siendo un gran secreto, recuerda que ninguno de nosotros sabemos realmente donde estamos… Kim, por alguna razón, lo sabía, pero nunca había podido convencer a Kinema para que volviese. Decidió crear esta gran mentira para poder venir a convencerle, a parte de aprovechar esta oportunidad para hacer una publicidad espectacular para su empresa.
-Sí, pero contra su voluntad…
-¡No! Todo lo contrario, Kim tiene una carta bajo la manga, Joseph aceptara sin dudar la propuesta que próximamente le harán.
-¿Paola, Jen, Lain, saben todo esto?
-No, claro que no, solamente lo se yo. Soy una pieza importante en todo este lío. Soy quien debo editar en portada de Society como encontremos a Kinema…
Carla sonrió, mientras, yo intentaba entender todo lo que me había confiado.
- No digas nada, por favor. – Me dijo – intento demostrarte que confío en ti más que en nadie.
- Tranquila.
Finalmente cada uno se fue por su lado.
Al día siguiente, una noticia inesperada me despertaba. Yeruska, entre saltos, me decía que Paola no estaba en el campamento. ¡Paola había desaparecido!
Kim hablaba con Kinema y Tarzan, un grupo debería buscarla.
- Me voy a buscarla – le dije a Kim.
-¿Que? No, no puede ser, te perderás…
- No, creo que se donde la puedo encontrar.
Me quede asombrado de mi reacción, no había pensado mis palabras, todo salio sin más.
-¿Estás seguro? – Me recrimino Carla – Te puedes perder… no puedes ir solo.
- Digas lo que digas lo haré. – le respondí.
Jen, sentado sobre el tallo de un tronco se reía.
- Yo no me preocuparía demasiado, ya volverá.
Nadie le hizo caso. Me dirigí a todo el grupo.
- No puedo esperar más, me voy, por favor, confiar en mi, se lo que hago.
Carla se acercó a mí, disimuladamente me puso en las manos una carta.
- Léela, entenderás muchas cosas… – me dijo en voz baja.
Kim me recordó que al día siguiente el avión vendría a buscarnos, así que tenía 24 horas para encontrar a Paola y volver.