Impresionante, impredecible, importante, imborrable, impensable, imposible… eres tú y es la forma que adopta el prefijo in- cuando se antepone a palabras que empiezan por b o p así como imbécil, que también eres tu.
Después de pensar en ella durante toda mi vida y de cientos de sinónimos adaptados a su persona creí oportuno dejar mi vida para recuperar mi alma. Algún lugar lejano sería mi destino, pues mientras no la viese ni recordase, mi cerebro dejaría de producir alteraciones constantes de la concepción de este mundo y empezaría a percibir un poco de realidad.
Aquel día miré en uno de esos catálogos “futurísticos” en los que ir y volver al culo del mundo salía casi regalado, pero no me gustaba nada. Empecé a notar en mi otra vez aquel estado de angustia y temor, no sabía si realmente podría escapar de aquel deseo de recuperarla y de aquella preocupación por haber fracasado, que no se podía apartar de mi mente. Estaba demasiado obsesionado y decidí volver a repasar aquella oferta.
Viaje hacia el futuro, viaje hacia otra vida, viaje y olvide.
Parecía un título adecuado para mis pretensiones, a veces pensaba que alguien, sentado en un sillón de cuero, sintonizaba el canal de televisión 43, donde un programa de 24 horas documentaba la vida de un triste y odioso humano, o sea, yo.
Salí rápidamente de mi casa, tomaría el fresco y pasearía un rato, al menos aquel observador omnipotente vería cosas nuevas.
Quise visitar aquel bar, el de siempre, donde me encontraba con mi gente y discutíamos sobre el mundo, el fútbol, los coches y las mujeres, pero desgraciadamente estaba cerrado por vacaciones.
En ese bar quedábamos siempre todos, luego decidíamos cual era el próximo destino, como éramos gente poco alternativa normalmente optábamos por quedarnos allí mismo toda la noche.
No estaba mal el garito, paredes de piedra, futbolín prehistórico, una diana de la era tecno-electrónica, todo un clásico.
Mientras caminaba observaba a la gente, tengo que admitir que pocas personas me podían impresionar, al menos satisfactoriamente, porque la mayoría me deprimían. Sus mundos y sus historias, cada cual pensaba que sabía o entendía el mundo, y algunos incluso se obsesionaban con la idea de que iban por el camino correcto, el ideal.
¿Nadie se paró a pensar que talvez había un ideal para cada uno?
¿O que el correcto no existe? que todos son incorrectos y que todos nos llevan a problemas diferentes, y la suerte es la conductora hacia el mejor o el peor problema.
Pero yo ya había desistido de pensar que aquello podía ser un enigma sin resolver, porque había conocido gente que poseía diplomas del buen saber, que daba lecciones gratuitas, profesores de la vida en el paro, gente a la que nadie le había dicho que algunos consejos sobran.