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El fin de la mala suerte (II)


2006
04.26

¿Donde quiere ir de vacaciones?

¿Donde quiere ir de vacaciones?

¿Donde quiere ir de vacaciones?

¿Donde quiere ir de vacaciones?

 

Fabián propuso un lugar alejado del estrés diario y la rutina visual. Todos aceptemos encantados.

 

En aquellos momentos mi jefe me estaba exigiendo demasiado. Cuando acepte una vida laboral de 8 horas don Martín me hizo un contrato temporal de 6 meses con pagas extras incluidas y jornada partida, lo que no sabia yo era que en la subconciencia del empresario, existían más horas, menos dinero y en resultado menos vida.

 

No tenía el tiempo que necesitaba para disfrutar de mis ganancias, el poco que me quedaba lo dedicaba a enfados y nervios que me obsequiaban con tensiones musculares producidas por la represión de mis emociones.

Yo que siempre había soñado ser un halcón de grandes alturas, era una gaviota con destino alta mar para un trágico final.

 

Llegué al despacho sabiendo que los 4 días siguientes iban a ser mi relax deseado, así que incité a todas mis neuronas al suicidio colectivo y pasé aquellas horas soñando en mil y una historias.

 

 

Al día siguiente, de buena mañana, Fabián nos recogió a Adrián y a mi y empecemos el viaje hacia el paraíso perdido. Hubiese preferido ir al lugar que encontré en aquella revista que tenia guardada en el segundo cajón de mi armario, aquel que prometía cambiar mi vida, pero este iba a ser simplemente un entrenamiento, un calentamiento para el viaje real.

 

Nos costo llegar, pero lo hicimos a la primera.

 

 

Caravana del relax

Situada en primera línea de playa, con vistas al Mediterráneo y a los
lavabos públicos.

Cuenta con dos habitaciones, con aire acondicionado si
abres las ventanas.

Saliendo, si corre aire, secador de pelo. Minibar en el
próximo Carrefour.

Cuenta con instalaciones como piscina con jacuzzi, sala
de lectura, bares, restaurante buffet, gimnasio y asistencia médica,
solamente accesible a visitantes imaginarios y enfermos paranoicos.

 

A pesar de todo, aquello era más de lo que podíamos pedir. Aquel viaje era solamente un pretexto para poder desconectar de todo lo demás.


Todo parecía ir bien, cuando Mar envió un mensaje a mi teléfono. Entre líneas veía las palabras bienvenido a la puta realidad.

 

Mar había acabado la relación con su novio y por lo visto volvía a padecer una de sus típicas depresiones, que posiblemente alguien como yo podría curar. Le respondí haciéndole saber que la nueva tarifa por horas había cambiado desde la última vez, ahora yo era más exigente. Ella con gran delicadeza me insinuó que yo simplemente era lo que era, un pañuelo.

 

 

Los primeros días intente evitar cualquier pensamiento que pudiera robarme aquella sensación de libertad. Pronto llegó Tou, que tubo que retrasar dos días sus vacaciones por exceso de demanda en su negocio.

Ya estábamos todos, solo faltaban Priscila y el Garitano, que no pudieron venir por enfermedad, y esta vez no era mental, sino física.

 

La última noche decidimos hacer una gran fiesta. Fabián había conocido a dos inglesas que en los últimos días se habían dejado ver demasiado, y Tou había comprado un par de botellas de vodka y tres packs de cervezas.

Bebida, mujeres, y una revista en la que salía aquella modelo que tanto nos gustaba a todos, Yeruska, ¿que más podíamos pedir?

 

Empecemos a beber, a reír, a jugar al pocker.

 

A las cuatro horas cada uno hacía lo que podía, Tou y Fabián se habían ido a las habitaciones con las inglesas y yo decidí acabar la fiesta en la playa.

Me senté en la arena y seguí bebiendo hasta que aquella voz interior quedase muda del todo.

 

Quise enviar un último mensaje desde mi móvil. Hacía muchos años que conocía a Luna, y solamente había coincidido con ella en un par de ocasiones. A pesar de eso, nunca habíamos perdido el contacto, siempre había estado ahí.

 

Luna era una persona especial para mí, talvez no encontrase una palabra para definirla pues seguramente aun no se hubiera inventado un adjetivo para ella.

 Esperé su respuesta toda la noche, pero no llegó. Cansado, decidí volver con los demás, al día siguiente tendríamos que levantarnos temprano para volver a casa.

 


Por el camino pensé en lo que me esperaría a la vuelta. Mar y sus depresiones, don Martín y sus abusos, a pesar de todo, era feliz, derrochaba un gran optimismo.

 

¿Sería el alcohol?