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El fin de la mala suerte (III)


2006
05.19

¡Avariciosos todos! Por más que miraba solo veía gente con una desmesurada avaricia que solamente te daba la opción de llegar a la única conclusión de que en esta vida eres tú o ellos. La raza humana ya había dado un salto mas en la escala evolutiva, del mono al hombre, del hombre al sabio, del sabio al necio, del necio al… egoísta.

 

En un intento de auto protección, había experimentado un amor excesivo por mi persona, y así, anteponía mis propios intereses a los de los demás. Todos mis movimientos tenían una única razón, mi bien, el resto no importaba.

 

Un egoísta, sin rivales ni luchas, el típico espectáculo posesivo, la típica enfermedad que sufren los demás y que tú nunca has conocido. No hacía falta tener la documentación de socio, solamente seguir sus reglas.

 

1 – Tus propios intereses se anteponen a los demás.

2 – Tú tienes la razón siempre.

3 – Nadie tiene el derecho de hacerte sombra, tú puedes ser más alto.

4 – Existen personas, que pueden ofrecerte una ayuda compartida, siempre por interés mutuo, pero cuidado, también existen estúpidos con iniciativa de los cuales no conseguirás nada.

5 – Debes ser frío, no pueden existir los sentimientos.

 

 

Estuve reflexionando durante un tiempo sobre mi futuro laboral, aquello debería acabar pronto. Don Martín empezaba a ser aquella asquerosa garrapata que solo se dedica a beneficiarse de tu esfuerzo, con una diferencia, que el disfrutaba de una manera exagerada haciéndolo, no era por necesidad, era de nacimiento. Sí, seguramente algún trauma con su madre había acabado por volver a aquel hombre en un monstruo de la explotación laboral.

 

Quería utilizar la primera regla del egoísta, y superponer mis intereses a los suyos, entonces, buscaría un nuevo trabajo que me beneficiase mas, que me hiciera ganar mas dinero, y él, ya se buscaría otro tonto que le enriqueciera sin ofrecer nada a cambio.


Salí de casa, quería dar una vuelta y comprar el nuevo número de la revista technology center ISV Development, aquel mes demostraría como hacer un floskis con un sistema operativo común. Además, un suplemento súper interesante con 101 trucos para arreglar tu ordenador, solamente para personas que no tengan a su alcance el típico amigo que esta hasta los mismísimos de venir a tu casa a explicártelos.

 

El destino quiso que en la puerta de mi casa me encontrase con el pesado de mi vecino.


Mayor de 60 años, charlatán, sabedor y conocedor de tantas y tantas cosas. Las enciclopedias las forraban con su foto en la portada. Los grandes intelectuales se sonrojaban ante su gran sabiduría. Lastima que sus historias solo se las creyera él, el pobre no tenía credibilidad. Puso una tienda de comestibles, y desde ahí pregonaba sus mil y una vivencias.

 

- ¡No tengo tiempo don Julián!

Pero ya era demasiado tarde, ya lo tenía encima.

 

- Hacía tiempo que no te veía, ¿donde estabas metido?

Y a usted que le importa, pensaba yo.

 

- Es que estoy muy ocupado don Julián.

- Ya veo, oye, tu no sabrás si….

 

El viejo profeta empezó con su gran charla, y aquella vez su única intención era saber por quien iba a votar en las próximas elecciones municipales. Mientras el intentaba sonsacar, yo me preguntaba el motivo por el cual aquel hombre necesitaba hablar de política conmigo. Decidí hacer la típica respuesta evasiva, a ver si así tenia suerte y me dejaba tranquilo.

 

- La verdad, no me interesa la política.

- Como que no, pero tú no sabes que es algo muy interesante, tu debes interesarte, no puedes olvidarte y esperar que hagan otros las cosas por ti. Yo…

 

Vale, estaba claro que en algún momento tendría que salir su vida anterior, ahora me explicaría la historia de siempre, decidí salir con la segunda indirecta, esta vez más rotunda.

 

- Pero don Julián, tengo mucha prisa, tengo que hacer muchas cosas. Además, todos sabemos que los políticos son unos ladrones, la gente es mala, avariciosa, les gusta demasiado el poder.

 

Maldita sea, la boca me había perdido.

 

- ¿Cómo puedes pensar eso? ¡Eso no es así! Tienes que confiar más en las personas…

 

Aquello ya me estaba cabreando, y ya no podía más. A aquel hombre le habían dado un premio por pesado, ahora me iba de buen samaritano, y la conversación se redirigía hacia un curso de formación sobre la moral humana de varias horas.
Me explicaba y recriminaba mi negatividad, mi pesimismo. ¿Me obligaba a creer en las personas? ¿Me intentaba convencer para darle una oportunidad a un ser humano con poder? Decidí utilizar la cuarta norma del egoísmo, pero como quien tenia delante era un estúpido con iniciativa, me mantuve en estado de alerta.

Don Julián seguía hablando.

 

-Yo seguiré creyendo en las personas. Tienes una manera de pensar un poco absurda, así no llegaríamos nunca a ninguna parte, no te tolero esa ideología

 

Venga, y mas mierda por la boca.

A ver, que si el quería creer en las personas, a mi me daba igual, seria el quien saldría perdiendo. Luego, que quisiera aparentar una persona tolerante me parecía algo hipócrita, pues no era la persona más indicada después de los mil y un problemas que había ocasionado a su familia.

Lo mas interesante fue la obligación de no tener personalidad, ¿el no me toleraba que pensase diferente? Uy! lo vi claro, era un egoísta como yo, estaba utilizando la segunda y la tercera norma del egoísmo juntas. Aquel personaje tenía más experiencia que yo en el nuevo mundo del egoísmo. Decidí acabar rápido.

 

- Lo siento don Julián, me tengo que ir, llego tarde.

 

Salí corriendo, aun debía hacer muchas cosas, al día siguiente tendría que decirle a don Martín que dejaba mi actual lugar de trabajo. También estaba pensando en cambiar de aires, ¿tal vez de país?

 

No lo sabia, pero tenia claro que me iría muy pronto, aquel iba a ser el fin de la mala suerte.