Archive for Noviembre, 2006

Cerdos Negros I


2006
11.10

- Que no soy perro, ¡que no he podido venir antes! – Le decía a Paola

 

Me despierto, miro hacia la derecha, hacia la izquierda, no hay nadie. Debe ser una pesadilla, vuelve a dormir.

Me despierto, miro hacia la derecha, nadie, miro hacia la izquierda, ¡no hay nadie! Otra pesadilla.

Y así llevo tantos años, llegando tarde a cualquier sitio porque me he dormido.

 

Vago, holgazán, perezoso, pasota, zángano, pelotudo, remolón, haragán, gandul, boludo, ganso, se dice de la persona que no quiere trabajar, pero esa no es la cuestión, es que me miento a mi mismo, realmente creo vivir en una pesadilla.

 

No siempre todo es tan malo, en contadas ocasiones al mirar hacia ambos lados de mi cama encuentro el cuerpo de una mujer, entonces creo vivir en un sueño, pues sigue, no despiertes.

 

Hace tiempo, alguien me regaló un caza-sueños, tendré que llevarlo al mecánico, creo que le falla algo, porque no hace lo que dicen las instrucciones.

 

- Señor, mi caza-sueños esta roto.

- ¿Que le pasa?

- Últimamente recuerdo todas las pesadillas, ningún sueño bueno.

- Esto va a ser la correa, que la tiene al revés. Serán cien euros.

 

Debo ser la única persona que recuerda tanto los sueños. Y es que era tan real aquel toro que perseguía a Garitano. O aquella mujer que pedía ayuda para bajar de unas escaleras, donde yo ya no podía llegar.

La misma que luego, en un recinto que no recuerdo, me susurraba al oído, y me miraba con aquellos increíbles ojos verdes. Aunque con toda seguridad, la mejor sensación, es la de volar.

 

Tal vez sea esquizofrenia, o algún trastorno mental, pero siempre me habían marcado mis sueños.


Es algo que no tiene explicación, la gente es rara, hay quien se preocupa por “que hay mas allá” o “que fue antes, el huevo o la gallina”, a mi me importa un carajo, no quiero ni sopa ni tortilla, a mi lo que me interesa es recordar que soñé ayer.

 

Paola me había hecho una propuesta, el despacho donde trabajaba se ocupaba de hacer la selección de personas para un experimento científico. Un grupo de tres hombres y tres mujeres deberían viajar hacia un lugar alejado de la urbe y luego allí realizar un informe de las diferencias sociales del lugar.


La verdad es que poco pintaba yo entre esos seis entes, pero un poco de dinero no podía ser tan malo.

- Haber, la entrevista te la hará… Mr. Kim Carslem. – Decía Paola mientras leía de un papel.

- De acuerdo, ¿y tu donde estarás?

- Yo te espero fuera, no puedo ayudarte.

 

Kim, Kim Carslem, alias el traficante de vitaes, en la tercera puerta del pasadizo derecho me esperaba mi entrevistador. Era un hombre de unos cuarenta y tantos años, poblada barba blanca, de aspecto afable y tranquilo, mirada transparente y ojos pequeños.

Me senté tranquilo, con postura cómoda, esperando las preguntas pertinentes.

- Paola me ha hablado mucho de ti. – Dijo Kim.

- ¿Si? Espero que no fuese nada malo. – Sonreí.

- No, no te preocupes, dijo que eres algo así como un refugiado de la sociedad, justamente el perfil que buscamos para nuestra oferta.

 

Menos mal que Paola no había dicho nada malo, ¿refugiado de la sociedad?, hubiese preferido algo así como un emigrante de la rutina.

Intenté emular otra sonrisa y me dirigí hacia él.

 

- Kim, aun no entiendo cual es mi función en un experimento científico.
- Te explicaré, necesitamos a alguien para cerrar un grupo de seis personalidades muy concretas. Me encantaría hacerte unas preguntas, dependiendo de las respuestas, te comunicaré el nombre y características de tus posibles futuros compañeros y finalmente tú tendrás la última decisión.

-Correcto, puedes empezar. – Le dije con gran curiosidad.

 

- ¿Que opinas de los artistas?

- Creo que dentro de cada inútil existe un artista en potencia. Yo mismo puedo serlo. Pero solo unos cuantos tienen el carisma, la magia, la suerte, la locura o el dinero para bautizarse con ese nombre, artista. Realmente he conocido gente que es así por naturaleza.
¿Puedo demostrártelo con un simple ejemplo?

¿Utilizas un ordenador personal?

- Sí, claro. – Juraría que Kim comenzaba a tener más curiosidad que yo.

- El fondo de pantalla es un elemento clave dentro de la personalidad de cada artista.

El artista clásico, utiliza fondos planos, colores oscuros y/o pequeñas figuras lineales.
El artista conservador, se confirma con fotos de sus hijas y postales de su pueblo.
El artista iluminado, que utiliza fondos fucsias y un triste dibujo en Paint con su nombre escrito a mano.


¿Tu que fondo utilizas?

Con grandes carcajadas Kim contestaba a mi pregunta.

- Nunca he cambiado el fondo de pantalla.

- Entiendo, pues tú no eres ningún artista.

 

Kim respiró hondo, y prosiguió con otra pregunta.

 

- ¿Tienes algún miedo o fobia?

- Las alturas nunca me han gustado.

- ¿Vértigo?

- Un cuerpo de más de setenta quilos a más de tres metros no es vértigo. El miedo se transforma en sentido común.

- ¿Algún remedio contra la tristeza?

-¡Sí! La felicidad.

- ¿Y como se puede conseguir?

- Haciendo círculos con tus dedos en el aire.

- ¿Como?

- Alza tu mano y empieza a hacer círculos con ella.

Kim empezó a revolotear sus manos como si de la caza de la mosca maldita se tratase. A los pocos segundos el sentido del ridículo empezó a hacer efecto. Se puso a reír.

- ¿Esto quiere decir que cuando hacemos tonterías, somos felices?

- No, ¡eso quiere decir que los círculos son buenos!

- ¡Pero yo me siento como un payaso!

- No todos los payasos pueden hacer círculos en el aire.

 

Kim volvió a reír.

- No te acabo de entender.

- No hace falta, tu sigue y sigue, y verás como no te hará falta entender nada.

 

Mi experto entrevistador apartó la mirada de mí y empezó a escribir algo en un papel.

 

- Ya no me hacen falta más preguntas, creo que ya tengo suficiente. Necesito hacer un par de llamadas y esta tarde o mañana contactaría contigo para darte una respuesta.

 

Saliendo del despacho Paola me preguntó por la entrevista, y aunque ella me aseguraba que todo había salido a la perfección, yo nunca había visto algo parecido.

 

- ¿Que más dará? – Le dije a Paola – Fíjate, aunque no me seleccionen, nunca podría estar peor que aquel idiota de allí.

 

Señale a un hombre que se situaba a unos seis metros de nosotros.

- Paola, mira, parece feliz, ¡va haciendo círculos con las manos!

- No, creo que no, me está saludando. ¡Es Jen, mi novio!

 

¿Paola tenía novio? Vaya sorpresa, no me lo podía creer. ¡Al final el sueño se transformo en pesadilla!

No me quedará más remedio que seguir durmiendo, aunque corra el riesgo de seguir llegando tarde.