Archive for Octubre, 2007

Los Gnokis sobran


2007
10.24

Volviendo del Planeta Jamón Carla me explicó que había seguido a Jen en una de sus escapadas, ella quiso llevarme a ese escondite donde el niño rico buscaba la tranquilidad que tanto pregonaba. Era un descampado, estaba a unas seis horas del poblado. Algo me dijo que seguramente Paola podría estar allí.

 

Mientras pensaba en porque estaba en medio de una selva buscando a una persona que no me hablaba desde hacía semanas, recordé que Carla me había dado una carta.


Me la saque del bolsillo y empecé a leer.

 

Carla explicaba que gracias al problema entre Jen y Yeruska, Kim aprovecho para finalizar todo el viaje y así convencer a Kinema para que volviese. Una vez en Ámsterdam, ella publicaría en portada de Society que la empresa Krusse había encontrado al mítico Joseph Locke, y prepararía la nueva vuelta a Inglaterra.


También decía que nada mas acabar con todo el boom que la noticia provocaría, intentaría hablar con su antiguo novio. A todo esto, me pedía que tuviese paciencia, que esperase un tiempo, que talvez lo nuestro podría llegar a buen puerto.

 

Supuse que Carla se había pasado la noche anterior escribiendo la carta en un acto de arrepentimiento.

 

No podía decidir entre esperarla o seguir mi camino en la búsqueda de algo diferente. La verdad, estaba cansado de seguir por aquella carretera de baches.

Recordé aquella historia que el profesor de filosofía había explicado en una de sus interminables clases.

 

El Dios de Dioses quiso agradecer al guerrero romano Alejandro Basilius su valentía. Le dio a escoger como esposa a dos de sus hijas, la inmaculada diosa de la alegría y la holgada diosa del amor.

Alejandro dudaba, el amor no podía existir sin alegría, y la alegría no podía vivir sin amor.
El Dios de dioses, sabedor del grave problema, decidió darle todo el tiempo necesario a Alejandro para que escogiera.

Los años pasaron y Alejandro no pudo encontrar la solución, murió de pena al no poder resistir una vida sin alegría ni amor.

 

Tenía claro que el romano Alejandro era un gran indeciso, pero la moraleja de la historia era aprender que todo no se puede tener, que debemos decidir, que por no escoger y arriesgar te puedes quedar sin nada.

 

Pronto llegue a aquel lugar, Paola sentada en la piedra y con los ojos cerrados esperaba silenciosa a que alguien viniera a buscarla.

 

- Hola – me dijo.

- Hola, ¿estas bien?

-Bueno, ya ves. Como sabias que estaba aquí.

-No lo sabía, simplemente salí a buscarte. Supongo que he tenido suerte.

 

No podía decirle a Paola que Carla y Yeruska sospechaban de Jen desde el principio y que lo habían seguido.

 

- Talvez esperabas que viniera tu amigo Jen…

- No, es la última persona que querría ver…¿No estabas enfadado conmigo?

exclamó ella con voz entrecortada.

 

Durante unos segundos ninguno habló. Los dos nos mirábamos.

 

- No estoy enfadado – le dije – simplemente… no se, me dolieron algunas cosas. Se veía venir que Jen era de ese tipo de personas.

-Lo siento, pero pensaba que era diferente.

 

Volvimos a callar. No había mucho de que hablar, ella se había equivocado, y yo no sabía porque tenía tanta importancia todo aquello, total, no era mi vida y poco tenía que ver conmigo.

 

- Esta noche la pasaremos aquí – dije rompiendo el silencio – mañana por la mañana tendremos que salir hacia el poblado para reunirnos con los demás e ir a buscar el avión.

Paola se levanto de la piedra, se acerco a mí y me abrazó.

 

-Gracias por estar aquí.

 

Recordé aquella noche en Ámsterdam, pensé en aquel beso en mi mejilla, en las palabras de consuelo.

 

- No te preocupes Paola, seguro que cuando volvamos a casa todo es diferente, todo se soluciona.

 

Pronto anocheció. Decidimos hacer fuego para pasar la noche.

Paola se repetía continuamente como había llegado a pasar aquello, talvez, se preguntaba, si no hubiera aceptado la oferta de Kim…

Yo no podía explicarle todo lo que sabía, que aquel viaje era una farsa, que Kinema era el gran tesoro que habíamos ido a buscar, que Carla y Kim tenían segundas intenciones en aquella expedición…

 

- No digas eso – le dije – todo lo malo tiene su parte buena, ahora lo conoces bien. No me dirás que hubieras preferido ser engañada sin enterarte.

- Claro que no – respondió con seguridad.

 

Todo lo malo tiene su parte buena, ¿todo lo malo tiene su parte buena?, aquello me hizo pensar a mí también. Talvez yo no estaba tan mal como pensaba.
Caracoles, Emes, hipócritas y egoístas, todos producto de nuestra sociedad de mierda, pero también servían para ver con claridad que hay que reconocer y darle importancia a la buena gente, a quien se esfuerza por serlo, a quien lo es por naturaleza.


Me imaginaba a Alejandro Basilius repitiéndose la frase “Todo lo malo tiene su parte buena”, y diciéndose a si mismo, si me quedo con una de las diosas, pierdo a otra, pero algo bueno tiene que resultar… por ejemplo, un suegro con mucho poder, o una cuñada muy especial.

 

- ¿Sabes que me gustaría hacer? – le pregunté – Volver a presentarme. Seguramente empecemos con mal pie.

 

Paola sonreía.

- No estaría mal, aun recuerdo cuando llegaste al piso, talvez yo también fui un poco borde – se puso a reír – creo que estaría bien empezar de nuevo.

- Ok. Pues allí voy. Hola, soy el hermano de Bel. – dije entre risas.

- ¡Hola! Yo soy Paola, su compañera de piso – me respondió.

 

Alargué mi mano para estrechar la suya. Ella respondió dándome dos besos.

 

- No volvamos a empezar mal – me dijo.

 

Seguimos riendo y hablando hasta que perdimos las fuerzas. Ella apoyo su cabeza en mi hombro, y mi mano, posada en la suya, la acariciaba mientras se dormía. A duras penas podíamos aguantar los ojos abiertos.

 

A la mañana siguiente fuimos a prisa hacia el poblado. Allí nos esperaban los demás, para dirigirnos hacia el aeropuerto.

 

Por el camino, Kinema nos explico su decisión. Iba a volver a Inglaterra, Kim le había hecho una propuesta, volver a empezar a su lado, volver a ser aquella persona que los estudiantes como Paola respetaban. Él se encargaría de explicar sus nuevos pensamientos, todo lo que había aprendido en su particular aventura. De alguna manera se había dado cuenta de que otras personas podrían necesitar las palabras de alguien que había perdido la ilusión y que la quería recuperar.

 

Por fin, lleguemos al avión. Uno a uno iban subiendo, Lain, Kim, Yeruska…

 

Fue como un golpe, una explosión en mi corazón, aquella imagen que te cambia la vida. Carla estaba a punto de entrar por la puerta de aquel jet privado cuando se giró. Paola a unos metros de mi hizo lo mismo. Kinema a mi lado me miraba y sonreía.

Mis piernas me temblaban, algo me estaba pasando. Paola se dirigió hacia mí.

 

- ¿Que haces? Muévete ya.

- No puedo – le dije.

-¿Que?

 

Carla, inmóvil seguía mirándome desde aquellas escaleras, Kinema apoyo su mano en mi espalda.

- Recuerdas cuando llegaste. Te dije que me recordabas a alguien, tú me dijiste que no podía ser.

Me recordabas a mí, el primer día que llegué. Sin nada que hacer, sin nadie a quien querer, perdido, incomprendido, sin saber donde estaba mi lugar. ¿Lo has encontrado tu?

 

Kinema empezó a caminar hacia el avión.

 

No me lo podía creer, estaba seguro, no quería irme. Pero no sabía porque, todo parecía más fácil volviendo. Paola, Carla, volver a ver a mis amigos, Fabián, el Garitano, Luna, mi hermana Bel… no quería renunciar a todos ellos, pero algo me retenía en aquel lugar.

 

- No seas tonto, ¿que haces? Ven ya – Paola me cogió del brazo y me empujó.

- No puedo Paola, me tengo que quedar aquí.

-¿Porque? No digas tonterías, ven.

 

A Paola le brillaban los ojos.

 

-¿Ahora? me decía enfadada - ¿Ahora te quieres quedar? ¿Ahora que todo era diferente?
-No lo se, creo que es lo mejor. No digo que sea para siempre, pero si por un tiempo, hasta que encuentre mi lugar.

-No me lo puedo creer – me respondió¿y cuando lo harás? ¿cuando encontraras tu lugar? No seas así, ven conmigo, todo puede cambiar, créeme, yo estaré contigo, no te pienso dejar solo.

 

Miré a Paola, por unos segundos pensé que talvez todo podía cambiar, que empezaría a ir bien, que solo me hacía falta creer en ella. Pero pronto volvió aquella explosión, aquella sensación de que no era lo correcto.

 

- No puedo. Me tengo que quedar.

 

Paola, frustrada, me empezó a gritar.

 

-¿Para eso me fuiste a buscar? ¡Esperaba más de ti! – Se giró bruscamente y se alejó de mí.

Levanté mi mano, quería despedirme de Carla que aun miraba desde la puerta del avión.


Ella tampoco estaba de acuerdo, no fui correspondido.

 

Solo quedábamos Yaha, el inseparable amigo de Kinema y yo, y a medio camino, Paola, que aun no había embarcado.

 

Antes de perdernos de vista, un paso antes de desaparecer dentro de aquel avión, Paola se volvió a dirigir a mí y gritó.

 

-¡Volveré a buscarte, te lo juro!

-¡Lo se! – le dije – te esperaré.

 

Finalmente, despegaron y se perdieron en el inmenso cielo azul.

 

 

 

Y aquí estoy, perdido en un lugar que desconozco, pensando en como he podido acabar así. Estoy cansado, decepcionado, al ver que las cosas no son lo que podrían ser.
El tiempo pasará y como sucedió con Kinema, alguien vendrá a buscarme, sé que volverá a salir el sol, se que todo será mejor. Espero que Paola no se olvide de mí, que me perdonen mis amigos, que lo entienda mi hermana. No estoy seguro de que mi decisión sea la correcta, pero tengo claro que allí donde ellos van, los Gnokis sobran.

 

 

FIN

 

Impresionante, impredecible, importante, imborrable, impensable, imposible… es  la vida  y es la forma que adopta el prefijo in- cuando se antepone a palabras que empiezan por b o p así como imperfecta, que también lo es.

LOS GNOKIS SOBRAN

2006/2007